domingo, 23 de diciembre de 2007

Mi infancia y los recuerdos



Recuerdo, como si fuera ayer, las tardes en la casa de mi abuela,



jugando con los aritos, pulseras y collares de mis tías, mientras ellas dormían la siesta...



Esa casa que me parecía gigante, verlo a mi abuelo jugar a las bochas,



en la cancha que estaba en el patio y que siempre me dejaran tirar el bochín.



Al nono Schiner y al Nuchi jugar con mi abuelo, al nono de la pipa, y todos los amigos de mi abu Temo.



Del día que me corté la espalda con las chapas de la cancha de bochas,



o de la vez que se me cayó la pileta de hormigón en las piernas,



del cementerio de lombrices, de José María, de las bicicletas, de las plantas de limón, de las casas grandes, de la siesta, de las calles, del pueblo, de mis sueños, de mis miedos, de las noches, de los días...



De cuando cazaron a la comadreja antes de que entre al gallinero, y mi primo y mi abuelo arriba de los techos con las escopetas, y yo escondida trás la puerta.



De los viajes en bicicleta al centro de la ciudad, de cuando en el quiosco, mi abuela me daba a escondidas una gomilona antes de la comida, sin decirle a nadie para que no nos reten.





De jugar en el galpón con las herramientas, como si fuese una travesía.








De darle de comer a los pollitos y del terror que me daba cuando salía el gallo del gallinero.



De mi abuelo, y de lo que era mi abuela, de lo que ya no es, de esas cosas que extraño, que me parecen que fuera ayer...







De los días y las noches, de mi pueblo, de San Carlos y sus calles rectas, y de lo que hoy ya no es. Pronto no habrá casa de la infancia para mi, y he crecido sin fotos que lo recuerden.



Está mi memoria y la dulce despedida que hoy hice con la mirada, como queriéndome guardar cada juego, cada historia en el corazón, en un baúl viejo y acartonado, en el fondo del placard.





Todo sigue quedando en mi dulce memoria, los aromas, los vientos, los sonidos.





Sigo siendo esa niña, sigo jugando en la cancha de bochas, sigo haciéndoles un cementerio a las lombrices, sigo corriendo hacia la heladería. Todo queda en mi, con un halo de nostalgia, pero en mí.




















.:Brindo Por Nosotros:.

2 comentarios:

Viridiana dijo...

Hermoso lo que escribiste.
Entiendo ese sentimiento, me invadió hace unos meses cuando vendimos la casa de mi abuela... Por dios, cuánta nostalgia junta, si casi no cabía en mi.

Saludos

yo mismo dijo...

la nostalgia también viene a mí en estos días de familia y amor. hoy ya es 31, último día del año, parece que te has tomado unas pequeñas vacaciones, merecidas, seguro.

espero que tengas un muy feliz 2008 y que se la diosa de las letras siga inspirándote como lo ha hecho en 2007.

un beso, salud y paz, amiga :)